
29 marzo 2026. Una delegación de docentes y representantes de la institución educativa secundaria Micaela Bastidas de Yunguyo llegó hasta la ciudad de Puno con la esperanza de ser escuchada por el presidente de la República. Sin embargo, su ingreso fue restringido en los controles de seguridad bajo el argumento de no estar registrados en la lista oficial.
El grupo, integrado por el director Edwin Saavedra Tito, docentes y el presidente de la APAFA, tenían el propósito concreto y urgente: de exigir la construcción de nueva infraestructura para el colegio Micaela Bastidas de Yunguyo, proyecto que cuenta con código único de inversión (CUI 2335223) y que viene siendo gestionado desde el año 2014. La institución alberga a cerca de 700 estudiantes, quienes actualmente reciben clases en ambientes de adobe deteriorados, situación agravada por las lluvias recientes. Objetivo que no fue posible cumplirse por los filtro de seguridad que se habían establecido, quedando la comitiva educativa fuera de cualquier posibilidad de diálogo directo.

Los representantes señalaron que la infraestructura se encuentra en estado crítico y advirtieron que no es aceptable que en una zona de frontera se mantenga a estudiantes en esas condiciones. A pesar de ello, no se les permitió ni siquiera entregar documentos o memoriales a las autoridades presentes.
OPINIÓN:
Otra vez la historia se repite: autoridades que viajan, esperan…… y por filtro de seguridad, regresan con las manos vacías. No porque falten argumentos, sino porque sobran filtros, listas y excusas. La educación en Yunguyo no está en agenda, o al menos no lo suficiente como para dejar pasar a quienes la sostienen día a día.
Doce años de espera para un proyecto educativo no son retraso, son abandono. Y negar el ingreso a quienes vienen con carteles en lugar de piedras no es orden: es desconexión total con la realidad.
El mensaje es claro -aunque nadie lo diga en voz alta-: si no estás en la lista, tampoco estás en la prioridad. Mientras tanto, 700 estudiantes siguen estudiando entre paredes que se deshacen, esperando que algún día, además de ser escuchados, también sean vistos.

