Familia de Yunguyo reconoce en Tumbes el cuerpo de Álex Anco, desaparecido desde navidad de 2024

Un drama humano de profunda tristeza se vivió el último martes 04 de febrero 2026 en las instalaciones de la morgue de Tumbes. Flora Anco Ramos, natural de Yunguyo, Puno, llegó a la región tras una larga cadena de gestiones y llamadas para identificar el cuerpo de su hermano, Álex Anco, de quien su familia no tenía noticias desde diciembre de 2024.

La diligencia se realizó en coordinación con el fiscal Pedro Silva, de la Fiscalía de Contralmirante Villar, luego de que, gracias a una difusión en redes sociales y a la articulación entre las fiscalías de Zorritos y Yunguyo, la familia fuera alertada sobre la existencia de un cuerpo no identificado con nombre y fotografía que coincidían con el del joven puneño.

Según relató Flora Anco, la última vez que vieron a su hermano fue en Navidad de 2024, cuando llegó a su casa en Yunguyo con el cabello un poco largo, pero con dinero y aparentemente en buen estado. En ese entonces, Álex comentó que estaba trabajando entre Lima y Arequipa en fábricas y empacadoras de detergentes líquidos, lo que explicaba sus ingresos. Tras saludar a su familia, se retiró y desde ese día no volvieron a saber de él.

La noticia de que Álex había terminado viviendo en condición de indigencia y con aparentes problemas de salud mental ha sido un golpe devastador para la familia. Según versiones recogidas por serenazgo y vecinos de la zona, el joven deambulaba por la carretera Panamericana, entre Zorritos, Grau y Nueva Esperanza, caminando sin rumbo fijo. Solía descansar cerca de una pequeña empacadora, justamente en la zona donde posteriormente fue hallado sin vida, tras un ahogamiento.

“Nos duele saber que estaba así y no lo sabíamos”, expresó entre lágrimas su hermana, quien confesó que la familia aún no logra comprender cómo un joven trabajador y correcto pudo terminar en una situación tan extrema.

Álex Anco tenía secundaria completa, era soltero, no tenía hijos y era el menor de cinco hermanos, proveniente de una familia de agricultores de Yunguyo, cuyos padres, ya ancianos, aún viven y esperan poder despedirse de su hijo.

La familia viene realizando las gestiones para que el cuerpo sea trasladado a Puno, con el objetivo de darle cristiana sepultura en su tierra natal, cerrando así un doloroso capítulo marcado por la incertidumbre, la distancia y una tragedia que nadie imaginó.

El caso de Álex Anco deja al descubierto una realidad silenciosa y muchas veces invisible: la de personas que, lejos de su hogar, caen en el abandono, la enfermedad y la soledad, sin que sus familias sepan siquiera dónde buscarlos. Una historia que hoy enluta a Yunguyo y a toda una familia que aún no logra asimilar la pérdida.

Fuente: Diario Tumbes21

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Autor: Roman Churacapia Vargas